La dignidad de los “Pozo”

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Por: Dayana León

Artículo originalmente publicado como réplica en Diario Mercurio: http://bit.ly/2p32qQp

Cuando diversos actores en la sociedad no van a la búsqueda de un razonamiento lógico sino a polarizar con mezquindad un aparente sentido crítico; entonces hay que detenerse para valorar qué ética ciudadana estamos dejando como legado en la cultura política y democrática.

Corey Brettschneider en sus reflexiones en Nexos sobre Las “opiniones de odio” puso en el debate al neutralismo establecido por un Estado, que no debe suscribir valores. Pero hoy me despojo de todas mis imparcialidades para defender los destinos democráticos del país, y rechazo toda analogía con epítetos intolerables entre un apellido de un ser humano que por méritos de la vida se encuentra como Presidente del Consejo Nacional Electoral y que con orgullo se llama Juan Pablo Pozo Bahamonde.

Mi repudio a la valoración personal del artículo de “opinión”, absolutamente cuestionable, de Bridget Gibbs Andrade publicado este 21 de abril con el título Con sabor a moraleja. Hablando de pozos, y que se va contra todo respeto y derecho a la honra.

El apellido “Pozo” que con tanto orgullo lleva Juan Pablo, su (✞) Padre, sus hijos y su familia, tiene origen e historia humilde, honesto y trabajador; y claro no es el nombre y apellido “agringado” de “Bridget Gibbs” pero tranquila no debe preocuparse, la autora de la “opinión de odio” no caería nunca en la bajeza de hacer lo mismo que hizo ella, porque eso también me convertiría en cobarde.

Este tipo de acciones atentan contra las garantías que el Estado otorga a sus ciudadanos a vivir una “democracia de valores”; que como bien señala Brettschneider es la que “reconoce derechos robustos de libertad de expresión, religión y asociación, a la vez que articula las razones por las cuales estos derechos deben respetarse, buscando convencer a los ciudadanos de adoptar como propios los valores democráticos de libertad e igualdad”.

El derecho a la libertad de expresión no implica censura previa, pero sí responsabilidad ulterior. Y quien suscribe en Diario El Mercurio deberá ser responsable de sus afirmaciones, de sus analogías y de sus epítetos, al comparar o señalar posibles consecuencias de “caer en un pozo”. Opinar nunca puede ser sinónimo de difamar, porque seguramente su candidato no ganó las elecciones pasadas, pero como ciudadana llamo a la reflexión para que la sociedad rechace el odio bajo el título de “opinión” y Gibbs pida disculpas a todos los que honrosamente llevan el apellido Pozo.

La derrota electoral y todo lo armado en base a infamias y mentiras, ya les tiene asegurado un espacio en la historia de este país, como los peores perdedores, sería triste que también les tenga guardado un espacio como los más grandes odiadores.

En su opinión habla de “convulsión social”, “instituciones partidistas”, “legitimidad y credibilidad” y “protestas ciudadanas”. Pero sería bueno profundizar qué entiende Gibbs por “Democracia”, pero no su Democracia, sino la Democracia real, ciudadana y empoderada.

Evidentemente existe un desconocimiento total de la Ley y de las resoluciones del Consejo Nacional Electoral, que fue firme en sus decisiones con estricto apego a la normativa electoral.

Pero de todas las calumnias e infamias que ha escrito, yo me quedo con la virtud de la mayor analogía que he encontrado y que evidentemente no lo menciona, y que proviene de “El Principito” del aviador francés Antoine de Saint-Exupéry: “Lo que embellece al desierto es que oculta un pozo en cualquier lugar.”

Me llevaré siempre la sensación de vida y esperanza de “El Principito” porque al menos, desde mi experiencia personal, todo “Pozo” refleja futuro, ética, justicia y dignidad.

Enlace en El Mercurio: http://bit.ly/2p32qQp

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